El modelo Safe & Together: proteger a la infancia desde el patrón del maltratador
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Cuando en un contexto de violencia de género en la familia hay criaturas de por medio, la pregunta que debe ordenar toda la intervención no es «¿por qué la madre no protege?». Es «¿cuál es el patrón de conducta de quien ejerce el control coercitivo y cómo está afectando a esta familia?». Ese cambio de foco es el núcleo del modelo Safe & Together, el marco de intervención que la Escuela de Control Coercitivo adapta al castellano y que estructura nuestra formación para profesionales.
Este recurso resume el modelo y pone a tu disposición una infografía descargable e imprimible en A3 para consulta y uso en equipos, juzgados, servicios sociales y aulas.
Qué es el modelo Safe & Together
El modelo Safe & Together™ es un enfoque basado en el patrón de comportamiento de quien ejerce el control coercitivo (perpetrator pattern–based), para proteger a la infancia en contextos de violencia de género en la familia. Fue creado por David Mandel y es desarrollado por el Safe & Together Institute, organización de alcance internacional que forma a profesionales de protección de la infancia, servicios de familia y tribunales en más de una veintena de países.
La Escuela de Control Coercitivo adapta al castellano el modelo. No se trata de dos marcos distintos ni de sistemas que compiten: es el mismo modelo, con la terminología y las herramientas trabajadas para el contexto profesional e institucional español y latinoamericano.
Su lógica se resume en una idea: para proteger a la infancia hay que evaluar primero el patrón de violencia y control coercitivo de la figura parental que lo ejerce, como fuente del riesgo y del daño. Solo entonces se puede valorar todo el esfuerzo de la figura parental protectora para aliarse con ella en la protección.
¿Por qué hablamos a veces de «el padre» y «la madre»?
Reconocemos que tanto hombres como mujeres pueden ser violentos y controladores, y que patrones de control coercitivo se dan en todo tipo de relaciones, incluidas las del mismo género. Aun así, la violencia de hombres hacia mujeres en parejas heterosexuales sigue siendo, con diferencia, el escenario estadísticamente más frecuente: se asocia más a menudo con lesiones físicas —un indicador de miedo y control— y suele formar parte de patrones más amplios de abuso y control. Además, en la mayoría de nuestras comunidades los hombres todavía cuentan con mayor permiso social para ejercer violencia y control sobre otros miembros de la familia.
Por eso usamos «el padre» o «quien ejerce el control coercitivo» y «la madre» o «la figura parental protectora» como referencia general — sin negar que el mismo patrón de comportamiento puede identificarse igual de bien cuando lo ejerce una mujer, o en relaciones del mismo género. Lo que define los roles en este modelo es la conducta observada, no el género de quien la ejerce.
Los tres principios del modelo
El modelo se sostiene sobre tres principios que orientan cualquier decisión profesional:
- Mantener a la/s criatura/s a salvo y junto a la figura parental protectora. Prioriza la seguridad, la recuperación del trauma y la estabilidad y el cuidado.
- Colaborar con la figura parental protectora como posición por defecto. Es la vía más eficiente, más eficaz y más centrada en la infancia.
- Intervenir en quien ejerce el patrón de violencia, con foco en su rol parental. Implicación, rendición de cuentas y trabajo con los tribunales.
Las múltiples vías hacia el daño
Una de las aportaciones más útiles del modelo es que explicita cómo el patrón de quien ejerce la violencia daña a las criaturas por varias vías simultáneas, y no solo mediante la agresión directa.
El origen del riesgo es el patrón de quien ejerce la violencia, que se despliega como control coercitivo hacia la figura parental protectora y como acciones dirigidas a dañar a la/s criatura/s. Desde ahí, el daño se propaga por varias vías:
- Efecto en la capacidad parental protectora: depresión, TEPT, ansiedad o abuso de sustancias; pérdida de autoridad parental; energía volcada en gestionar a quien agrede, en vez de en la crianza; e interferencia en rutinas y cuidados básicos.
- Efecto en la ecología familiar: pérdida de ingresos, inestabilidad de vivienda, pérdida de contacto con la familia extensa y disrupción educativa y social.
- Efecto en la seguridad de la infancia (daño directo): amenazas, violencia física, abuso sexual, negligencia, intimidación o abuso emocional dirigidos directamente a la criatura; ser utilizada como arma de control contra la figura parental protectora (mensajera, vigilante o responsabilizada del conflicto); miedo crónico, hipervigilancia, ruptura del vínculo de apego y respuestas de estrés traumático; y ver, oír o saber de la violencia — sin que esta sea la única ni la principal vía de daño.
- Efecto en la respuesta del sistema: manipulación de escuela, servicios sanitarios, servicios sociales, policía o tribunales por parte de quien agrede; y decisiones institucionales que responsabilizan a la madre en vez de a quien ejerce el patrón de control coercitivo.
Todas estas vías confluyen en el daño a la/s criatura/s: conductual, emocional, social y educativo; problemas de desarrollo y daño relacional; y lesiones físicas. Nombrar cada vía por separado es lo que permite documentar el impacto real de quien ejerce la violencia, en lugar de atribuir esas consecuencias a un supuesto fallo de la figura parental protectora.
La herramienta de mapeo del patrón de conducta dañino
El modelo operativiza todo lo anterior en una herramienta de mapeo. No son pasos sueltos que se puedan escoger: las siete etapas están bloqueadas y son secuenciales, y un mapeo parcial no constituye un mapeo válido. Se trabajan las siete para mantener la fidelidad al modelo:
- Identificar el patrón de control coercitivo y las acciones dirigidas a dañar a las criaturas.
- Mapearlo sobre la seguridad, estabilidad y funcionamiento familiar de la infancia.
- Mapearlo sobre las fortalezas y la capacidad protectora de la figura parental protectora.
- Mapearlo sobre el consumo de sustancias y la salud mental.
- Mapearlo sobre las interseccionalidades —poder, privilegio, cultura, estatus social—, incluida la manipulación de servicios sociales, policía o tribunales por parte de quien agrede.
- Mapearlo sobre la seguridad de quien interviene profesionalmente.
- Identificar implicaciones para la práctica, incluida la acción o inacción del propio sistema, y los próximos pasos.
La respuesta institucional no es una etapa aparte: se analiza dentro de la etapa 5 (manipulación de instituciones) y la etapa 7 (implicaciones para la práctica). A nivel agregado, el mapeo repetido de casos funciona además como herramienta de rendición de cuentas del propio sistema.
El continuo de práctica institucional: de la práctica que daña a la que repara
El modelo también sirve para situar la propia respuesta profesional e institucional en un continuo de cinco niveles. La pregunta es directa: ¿dónde se sitúa nuestra actuación?
- Destructiva. Culpa a la madre y la hace responsable de frenar la violencia, sin importar el coste para ella; pone en riesgo a la criatura y aumenta el daño.
- Negligente. No reconoce la dinámica específica de la violencia de género ni su impacto en la infancia; se ignora el problema salvo que la criatura la presencie directamente.
- Pre-competente. Reconoce que existe un problema y busca no revictimizar a la madre superviviente, pero aún no cuenta con herramientas eficaces para intervenir.
- Competente. Interviene centrando el análisis en el patrón de quien agrede como fuente del riesgo, buscando la alianza con la madre y manteniendo a la criatura junto a ella.
- Proficiente. Práctica consistente y usada en todo el sistema de protección a la infancia; sin esta perspectiva no puede lograrse la seguridad y el bienestar de las criaturas.
Los primeros niveles son práctica que daña; los últimos, práctica que repara. Ubicarse con honestidad en este continuo es el primer paso para mejorar la intervención.
Descarga la infografía (A3, imprimible)
Hemos resumido todo el modelo en una infografía pensada para imprimir en A3 y tener a mano en el trabajo cotidiano. Es de descarga libre: úsala, compártela con tu equipo y cuélgala donde haga falta.
Fórmate en el modelo Safe & Together
Comprender el modelo es el primer paso; aplicarlo con solvencia en la evaluación y la documentación del control coercitivo y en el trabajo con tribunales requiere formación. La Escuela de Control Coercitivo forma a profesionales de lo jurídico, forense, psicosocial, sanitario y social en el uso operativo de la inteligencia artificial para entender y documentar las dinámicas de control coercitivo, y en el modelo Safe & Together.
